en el día que sacrificaron a mi perra iba pensando cuando tuve que esquivar a una vieja (perdonen por el término usado, pero es el que me sale) para poder salir del vagón del Metro. Mis padres dicen que antes había carteles que rezaban “DEJEN SALIR ANTES DE ENTRAR” en el metro.
Aunque mi perra, Gina, era vieja,

Gina apareció por casa un enero del año 1999, el veterinario estimó que la fecha de nacimiento rondaría el 10 de Enero, que casualmente era la fecha de cumpleaños de mi hermano el mayor. El nombre de Gina viene gracias a mi primita, que cuando era paqueña y veia a la perrilla decía algo así como “güisin” cosa que a mi madre le sonó a Whisky, pero como se trataba de una hembra entendimos que le quedaría mejor Ginebra, y de Ginebra pasamos a Gina…pero para tardar menos en dar las explicaciones pertinentes o impertinentes sobre su nombre siempre decíamos que era por Gina Lollobrigida.
Por el andén siempre un montón de gente con cara de empanadilla, es uno de esos días en los que todo el mundo me parece gilipollas, sisi, como lo oyen, gilipollas, cuando al final resulta que el más gilipollas de todos soy, que es a quien se le acaba de ir el metro en las narices, a estas horas por lo menos va a tardar como 10 minutos.
Me avisaron el día que fuimos al teatro a ver “El evangelio según San Juan”, y aunque ya sabíamos todos que no iba a tardar mucho en plantearse esta situación me quedé helado de pena y de tristeza,
Llamé a mi hermano para contárselo, pero el no solo estaba al corriente, sino que estaba con ella, mi hermano el pequeño también, solo faltaba yo.
Me imagino a Gina tan contenta, moviendo el rabo a pesar de sus achaques, contenta porque estaban todos (menos yo), la pobre lo que no sabía era que estaban allí para decirle adiós. Adiós a todos esos años moviendo el rabo cuando llegas a casa, adiós a notar su hocico exigiendo caricias sin tregua, a notar sus ladridos cuando te acercas al portal de casa de mis padres…claro que también adiós a las pastillas que se tenía que tomar para que no se le parara el corazón, adiós al miedo de que por el esfuerzo de subir las escaleras cayera desplomada, adiós a ver como no le respondían las patas traseras…
Lo que más siento es no haberme animado a ir con ella, provocarla por ultima vez una sacudida de su rabo, bueno, lo importante es que ha sido una perra feliz, y querida.

Cuando salgo del metro me doy cuenta, mientras me seco una lágrima,de que ya es de noche.
Llego a casa, doy un beso a mi Santa y cojo a mi gata en brazos para achucharla mientras pienso: “Que mal lo voy a pasar contigo”